De la crisis sanitaria a la crisis financiera y social



La pandemia es una tragedia que está azotando nuestro país causando la pérdida de miles de vidas y un gravísimo colapso económico. Numerosas familias están viviendo en zozobra y con miedo al futuro mientras tienen que despedirse de familiares y amigos. En una situación como esta las acciones de las autoridades deben ser decididas en cada frente. No obstante, existen decisiones que deben ser evaluadas con serenidad contando con el análisis de expertos y considerando los potenciales efectos colaterales. El reto es evitar medidas populistas que, aunque parezcan positivas, terminen dañando la economía. En este sentido las propuestas que están siendo perseguidas por el congreso causan preocupación, aunque su fin parece ser loable.

Los bancos son el corazón de una economía de mercado: distribuyen los recursos hacia las mejores opciones de inversión y “crean” dinero al prestar los depósitos captados de los ahorristas. En una situación como la actual justamente necesitamos inyectar más dinero a la economía para compensar por la reducción del gasto en las familias y empresas. Detrás de esto está la lógica de los programas de crédito con garantías del gobierno como Reactiva. Si por el contrario debilitamos al sector financiero se “creará” menos dinero echando por la borda todo el esfuerzo previamente realizado.

Por esto, la condonación de las deudas no es una opción. Si los bancos ven afectados sus balances internos recortarán de inmediato los créditos al sector privado afectando principalmente a aquellos a quienes se quería ayudar: familias y pequeñas empresas. Asimismo, el financiamiento externo se verá restringido en la medida que la capacidad de pago de las instituciones financieras se deteriore. Todo esto afectara la recuperación profundizando la crisis y prolongando la salida.

Un ejemplo histórico fue EEUU durante la Gran Depresión, se dejaron quebrar cientos de entidades bancarias a lo largo de todo el país lo que devino en una crisis que duro más de 5 años y de la cual no se recuperó completamente sino hasta la Segunda Guerra Mundial.

Sin embargo, la cuarentena también ha causado que muchas personas pierdan sus ingresos: negocios cerrados, trabajadores despedidos, turismo imposibilitado. En este trágico contexto surge la pregunta ¿Por qué debe permitirse a los bancos seguir ganando intereses especialmente cuando tenemos uno de los spread más alto del mundo y seguramente tienen reservas para aguantar mejor la crisis que la población? Si no se busca una solución las familias saldrán sumamente endeudas de la cuarentena con obligaciones que no podrán pagar reduciendo el consumo y agravando la crisis. Habrá moras e incumplimientos masivos lo que devendrá en recortes de crédito con un sufrimiento innecesario y evitable. No hay que quebrar al sistema financiero, pero tampoco a las familias.

En una situación como esta la solidaridad no debería ser impuesta sin embargo la excesiva búsqueda del interés propio hace necesaria una intervención del gobierno. La teoría económica ha explicado por qué no se puede dejar siempre la solución al libre mercado y expuso sus fallos y limitaciones.

Condonar las deudas sería un error, pero reprogramarlas no. Es algo que no se escucha decir a los economistas frecuentemente. En el contexto de actual, seria cruel e inhumano que los bancos sigan persiguiendo los mismos objetivos de rentabilidad intentando sacar el máximo provecho a deudores desafortunados.

Las reprogramaciones de deudas tienen que ser sostenibles. Rebajar tasas, ampliar plazos, dar periodos de gracia y en casos extremos reducir el capital. Entonces ¿Quién cargara con la cuenta? El Gobierno tendrá que absorber una gran parte de las pérdidas causadas por la cuarentena si es que queremos proteger ambos frentes. La deuda pública como porcentaje del PBI se elevará, pero si no lo hacemos lo hará igual.  La otra opción, dejar que el mercado se las arregle solo, tendrá un resultado mucho peor. Con elecciones a la vuelta de la esquina correremos el riesgo inminente de que propuestas populistas e irresponsables ganen terreno.

La provisión de liquidez por parte del BCR a las instituciones financieras para la reprogramación de créditos de las familias debe ser llevado a cabo con celeridad y buscando el más amplio alcance.

Nos estamos enfrentando a un aumento enorme de la pobreza en un país como el nuestro donde no hay protecciones sociales suficientes. Esta reducción de los ingresos simplemente representará miseria y hambre. De nuevo hay que actuar con decisión.

Lo que sorprende es la falta de liderazgo por parte del Gobierno y en especial del Ministerio de Economía para llegar un acuerdo con el sistema financiero y evitar que el congreso genere medidas torpes y riesgosas. Los bancos deben negociar de buena fe, teniendo en cuenta la gravedad de la situación a la que nos enfrentamos. Lo lógico es esperar que el gobierno busque un balance y también proteja a sus ciudadanos Las personas carecen del poder de negociación individual frente al sistema financiero.

Finalmente, como peruanos debemos apoyarnos mutuamente en la búsqueda del bien común de lo contrario seremos una sociedad fallida, como bien nos describió Cesar Hildebrandt un país inconcluso.

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